Advenimiento

He de obligarme a escalar la cima
Donde el mañana y el ayer se funden,
Yo de la antorcha encendere la lumbre
Que de la "luz" de "aquel" que así se dijo,
Que indique al hombre que de Dios el Hijo
El gran advenimiento se aproxima.

La nueva vida vendrá, el añorado cielo,
El bello Eden, el dulce paraiso,
La tierra original tal como Dios la hizo
Sin guerras, sin locuras y sin crimen
Sin esas almas que en la miseria gimen
Consumidas de dolor llenas de duelo.

Despierta hermano y abre bien tus ojos,
Busca esta antorcha que te marca el camino,
Que ha de llevarte hacia un feliz destino,
Muy lejos del dolor delante el cual sucumbes
Y no permitas que aquel que el alma abrume
Te haga postrarte ante sus pies de hinojos.

No del espiritu ha ser la victoria
No de la carne el infeliz fracaso.
Ambos se funden en hombres que obligados
A superar su situación indigna
Deben lograr su condición divina
Que cuerpo y alma conducen a la gloria.

Que somos dioses, se dice en el Escrito,
Todos nosotros hijos del Dios supremo,
Y ante el Dios Padre la obligación tenemos
De hacer la guerra al Dios de la igorancia
Y el intelecto nutrir con la lactancia
Que nos proviene del Dios que se hizo Cristo.

La lucha es nuestra y nuestra es la batalla,
Marchemos pues de frente y combatamos,
La impiedad, la injusticia y la ignorancia,
Demos la honra a aquel del cual brotamos,
Y terminemos la labor con resonancia
Para la cual nos dió su misma talla.

Yo te convido hermano a que medites,
En ti en la vida en Dios y el Universo,
La humanidad que marcha en retroceso,
La destrucción total que se avecina,
Que no te coja sentado en tu colina,
Mirando el mal con humor desganado,
Sin preocuparte que atención amerite
La guerra sin cuartel que da el pecado
Sin dar de ti de lo que Dios te ha dado
Un poquito de amor que el mal evite.

—Pepín