Palabras por el
Traductor
Pido humildemente a Dios y a todos los poderes
Cósmicos-Espirituales,
que con el mismo amor y fe con que nuestra querida Jean ha dedicado
este libro a
la lucha por la independencia y la autodeterminación de nuestro
pueblo
puertorriqueño, se nos permita a sus lectores el poder percibir
y
asimilar todas esas intrínsecas realidades de nuestra historia
política
y nuestras vidas, pasadas, presentes, y futuras que permean tras cada
párrafo
del mismo.
De todo corazón en leer con dedicación este
libro, está
mostrando su más profundo interés en descubrir un medio
eficaz y
producente, para no sólo poner fin a la subyugación
colonial que
padecemos, con todas sus agravantes culturales, y tradicionales, sino
también
para proveernos de medios positivos y viables que nos permitan
transformar
nuestra tierra patria en una próspera y feliz, en la que no
exista un
solo ser humano careciendo de las más básicas necesidades
de la
vida, como lo son la vivienda, la vestimenta y la alimentación,
a que no
se deje engañar por la demagogia política de los
parásitos
vividores que hoy en día retienen el control de todos nuestros
partidos
políticos. Nos hipnotizan con sus omni-abundantes ofrecimientos
para
obtener nuestros votos y una vez que cogen el mando del gobierno
sólo nos
agravan más la vida, enriqueciéndose con nuestro sudor y
nuestra
sangre.
Por ello, no debemos participar en su nefasto juego,
absteniéndonos
de tomar parte alguna en el proyectado plebescito que se avecina y que
no es
sino una pantomima que tiende a burlarse de la mentalidad de nuestro
pueblo
puertorriqueño y de la buena voluntad de los organismos
internacionales
que dieron sus votos ante el Comité Descolonizador de las
Naciones
Unidas, para que nosotros pudiéramos ejercitar nuestro derecho a
tomar
una determinación decisiva sobre nuestro destino
político, económico
y cultural.
Como puede leerse en este libro, la ONU llegó a la
conclusión
de que el presente status político de Puerto Rico, o sea, el
Estado Libre
Asociado, no es otra cosa que una mascarada del status colonial que en
realidad
estamos viviendo. Por lo tanto, este status colonial debe terminar y
nosotros
tenemos el derecho a decidir si queremos ser un estado más de la
gran
potencia bélica y capito- explotativa de los Estados Unidos de
América,
o si queremos ser un pueblo libre y soberano, controlado por nosotros
mismos y
no por país extranjero alguno. Obviamente, si se ha determinado
que el
Estado Libre Asociado y el status colonial son una misma cosa, y si se
ha
emitido una orden a fin de permitírsenos poner fin a esa
inmoralidad del
colonialismo, el permitir que dicho Estado Libre Asociado forme parte
del
proyectado plebescito, sería una ofensa al derecho que se nos ha
reconocido por otras naciones hermanas, de que se nos permita
liberarnos de las
cadenas del colonialismo.
Es por ello imperativo que nos abstengamos de votar y
boicoteemos todo otro
partido, sin excepción de los nuestros, que estén
dispuestos a
aceptar esta vejación y se decidan a ir a las urnas
haciéndose
participantes de este engaño político del siglo.
De ir a la votación para decidir si nos convertiremos
en un estado más
de la gran nación norteamericana o en una nación
independiente, ya
todo dependerá de nuestro jucio individual. Yo personalmente no
me
vendería ante las promesas de mayores ventajas
económicas, más
ayuda federal y más auge comercial e industrial. Nada de eso ha
probado
traer la paz y la felicidad al pueblo estadounidense, que hoy por hoy
está
plagado de corrupción, crimen, vicios, y prostitución, y
de
hombres, mujeres y niños viviendo en las calles. Del mismo modo
tampoco
me dejaría intimidar por las amenazas de cortarnos la poca ayuda
que se
nos da, la que en realidad no es tal ayuda ya que los beneficios que le
rendimos
al gobierno Washingtoniano sobrepasan las limosnas con que ellos se
hacen ver
como los grandes proveedores de nuestro pueblo y no como los
explotadores que en
realidad son. Por tal razón y por el hecho de que para los
Señores
Feudales que sostienen las riendas de esta "Gran Ramera de los Mares",
nosotros los puertorriqueños somos una raza inferior y
repugnante a la
que ellos no le tienen menor consideración, como se desprende
por ejemplo
de la carta del Dr. Rhoads que aparece descrita en el escrito de Pedro
Aponte Vázquez
que aparece en este libro. Y como se confirma también por la
prevaleciente discriminación contra los latinos en general que
tan
palpante es hoy día en la actualidad norteamericana. Al grado
que hasta
los mismos agentes Federales Hispanos han tenido que demandar al FBI en
los
tribunales, por sus prácticas discriminatorias.
Por ello no votaría jamás para convertir a
Puerto Rico en un
estado más de este imperio que se desploma y el cual
jamás podrá
asimilar nuestra cultura y nuestras tradiciones nativas al igual que
nosotros
jamás asimilaremos esta cultura anglo-sajona y no dejaremos de
ser lo que
Dios dispuso que fuéramos, puertorriqueños. Ni aun
reconociendo
que esta nación es la más poderosa del mundo, de la cual
nos hemos
sentido hasta cierto grado orgullosos de formar parte de ella,
perdería
yo el sentido de la razón, al punto de desear ver mi patria
convertida en
un estado más de la misma. Por nuestra cultura, por nuestra
herencia
patrimonial y por nuestras raíces nativo-americanas y latinas,
nuestro
pueblo no podrá formar parte del pueblo norteamericano sin tener
que
sacrificar todo lo que somos, para transformarnos en lo que los EEUU
quiere que
nosotros seamos. Sin tener que destinarnos a perder paulatinamente todo
lo que
nuestro pueblo, cultural y tradicionalmente es y condenarnos a
desaparecer
eventualmente como raza individual del planeta Tierra.
Votemos a favor de nuestra autonomía, a favor de
expresar nuestro
derecho a ser un pueblo libre y soberano, a favor de tener un gobierno
propio, a
favor de podernos regir por nuestras propias leyes y a favor de que no
se nos
obligue a pelear las guerras ajenas, ya que en este planeta nuestro,
todos somos
hermanos y no existen más enemigos que aquellos que uno se crea
al querer
privar a otros de lo que por derecho Divino les pertenece.
Nosotros podemos vivir en paz y hermandad con todos los
pueblos del mundo y
los EEUU no es una excepción. Podemos comerciar con los EEUU,
intercambiar ideas y proyectos, progresar con ellos y estar dispuestos
a
servirles cuando nos necesiten. Mas, separados de ellos
políticamente,
podemos llegar a ser una nación autosuficiente,
proveyéndonos de
todas nuestras necesidades básicas y unidos por un mismo
espíritu
trabajar con tesón para crear una nueva fórmula social
que nos
permita manifestarnos como un pueblo progresista, libre de
aberraciones, sin
guerras, sin locura y sin crimen. Donde enfocados en el amor podamos
lanzarnos
indivual y colectivamente al logro de un desarrollo total de todo
nuestro
potencial, físico, mental, emocional, intelectual y sobre todo,
espíritual,
ya que estas son las llaves que nos abrirán la puertas hacia una
paz
perdurable y un verdadero disfrute de la vida y de la existencia.
Agradezco de todo corazón a Jean Zwickel (Mom Jean,
como la llamo) el
enfoque hacia esta realidad política nuestra, que nos ha
provisto en su
libro y confío en que sabremos retribuirle su sacrificada labor
no
dejando que tal sacrificio haya sido en vano.
Para mí es más que un gran honor el que ella
me permitiera
traducir la mayor parte de este libro y me hago responsable por todos
los
errores de traducción que mi trabajo contenga. También
tomo toda
la responsabilidad de mis palabras en este escrito mío,
declarando que
mis opiniones no necesariamente tienen que ser las de ella ni las de
ninguno de
aquellos cuyas experiencias se narran en el libro.
Unidos en un mismo Espíritu,
J.M. (Pepín) Monsanto Serrano, #052391
Glades
Correctional Institution
500 Orange Avenue Circle, A-052
Belle Glade,
Florida, 33430
P.D. Con agrado contestaré todas las cartas que me
escriban con
preguntas sobre este tópico.

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